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Los Minerales de España

Presentación

Los Minerales de España, Salvador Calderón (edición facsímil de la original publicada en 1910)

Contenidos

  • Prólogo a la edición facsímil
  • Breve reseña del libro Los Minerales de España, del Profesor Salvador Calderón y Arana
  • Nota de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas
  • Introducción
  • Principales trabajos consultados para la redacción de esta obra
  • Clase I - Elementos
  • Clase II - Combinaciones del azufre, del selenio, del teluro, del arsénico, del antimonio y del bismuto
  • Clase III - Combinaciones oxigenadas de los elementos
  • Clase IV - Sales haloides
  • Clase V - Nitratos, carbonatos, manganitos y plumbitos
  • Clase VI - Sulfatos, cromatos, molibdatos, tungstatos y uranatos
  • Clase VII - Boratos, aluminatos, ferritos, etc
  • Clase VIII - Fosfatos, arseniatos, antimonlatos, vanadiatos, niobatos y tantalatos
  • Clase IX - Fosfatos, arseniatos, antimoniatos
  • Clase X - Combinaciones orgánicas. Índice alfabético de las especies, variedades y nombres vulgares citados en esta obra. Índice por provincias de las especies minerales citadas en esta obra

Prólogo a esta edición

La celebración de aniversarios cumple con muy diversas finalidades: se festeja el fin de un ciclo o el inicio de otro nuevo, la alegría de haber llegado tan lejos en nuestra peripecia vital o la nostalgia por los momentos pasados... Pero, en cualquier caso, se trata de momentos de reflexión, de análisis sosegado de las actividades, los acontecimientos, o las motivaciones que dan sentido a lo conmemorado. En este paradigmático año 2000, coinciden temporalmente dos hechos relevantes: el 25º aniversario de la fundación de la Sociedad Española de Mineralogía y el centenario del nacimiento del insigne geólogo y geoquímico gallego, D. Isidro Parga Pondal. Con motivo de estas dos efemérides nos propusimos la recuperación de un texto histórico y, ciertamente, a la altura de las circunstancias: los Minerales de España del profesor Salvador Calderón y Arana.

La elección de este libro no ha sido producto del azar y con su recuperación pretendemos rendir homenaje a una generación de geólogos cuyo conocimiento, atesorado a lo largo de incontables horas de observación, análisis, descripción y catalogación, fundamentó el devenir de la geología moderna en nuestro país. Al conocimiento de la Mineralogía, la Petrología y la Geoquímica en España contribuyeron personajes de la talla de Guillermo Schulz, Casiano de Prado, Lucas Mallada, Jaime Almera, Manuel San Miguel de la Cámara, Salvador Calderón o, algunos años más tarde, en la Universidad gallega, Luis Iglesias Iglesias, Martín Cardoso y el propio Isidro Parga Pondal. El tiempo en el que vivieron y desarrollaron su obra se nos antoja lejano y mucho hemos aprendido desde entonces. Pero la inquietud, la curiosidad por saber un poco más cada día - que sin duda les espoleó en su trabajo - siguió presente en las generaciones posteriores, lo está en la actual y lo estará, sin duda, en aquellas por venir.

Con ese mismo espíritu, en mayo de 1975 se constituyó la Sociedad Española de Mineralogía - la SEM -, una asociación científica entre cuyos objetivos fundacionales estaba el difundir y compartir conocimientos relacionados con la Cristalografía, la Mineralogía, la Petrología, la Geoquímica, así como de otras ramas afines.

El centenario del nacimiento de Isidro Parga Pondal, o los 25 años de historia de la SEM, nos hacen volver la vista atrás y contemplar sin pasión de dónde venimos. Y ya podemos vislumbrar hacia dónde hemos encaminado nuestros pasos. Otros deben ser los que hagan el análisis detallado del estado de la Mineralogía en la España actual. Pero habremos de ser todos, con nuestro trabajo diario, quienes tracemos los derroteros que esta ciencia seguirá en el inmediato futuro. Porque, como diría Santiago Ramón y Cajal, "poco basta cada día, si cada día logramos ese poco".

Para la re-edición de esta obra hemos utilizado una copia original de la edición de 1910 (Imprenta de Eduardo Arias, Madrid), la cual se ha procurado reproducir con la mayor fidelidad. Para ello se han buscado tipografías con el mayor parecido respecto de las originales y no se han corregido siquiera los errores tipográficos que, de tanto en tanto, aparecen en el original. La tirada de la presente edición es de 1000 ejemplares, con dos volúmenes cada uno de ellos. Para finalizar, queremos dedicar la re-edición de esta obra a todas aquellas personas - en particular a los más jóvenes de entre nosotros - que creen que la Ciencia es, todavía, la mayor de las aventuras.

Reseña

Delgado Martín J., Vidal Romaní J.R. y Calvo Rebollar M. (2000): Breve reseña del libro Los Minerales de España, del Profesor Salvador Calderón y Arana. En la edición facsímil del libro Los Minerales de España, de Salvador Calderón, 1910. Sociedad Española de Mineralogía.

La obra Los Minerales de España enmarca su desarrollo en un contexto socio-cultural convulso. La crisis de valores de finales del siglo XIX - propiciada por la pérdida de las últimas posesiones coloniales de ultramar en 1898 - sazonó lo que se dio en llamar el movimiento regeneracionista. Los regeneracionistas (representados en la literatura por Azorín, Unamuno o Valle-Inclán; en la educación por la Institución Libre de Enseñanza, de Francisco Giner de los Ríos; o en la ciencia por Santiago Ramón y Cajal) buscaban poner fin al estupor generalizado por los eventos del 98 y recuperar así el orgullo perdido de una nación otrora poderosa. No es extraño pues, que muchos intelectuales buscaran estimular en la sociedad una catarsis regeneradora a través de un esfuerzo personal denodado, patriótico, que sirviera de ejemplo a propios y causara la admiración de extraños.

La vida de Salvador Calderón y Arana estuvo marcada por los avatares de la España del último cuarto del siglo XIX. En 1875, uno de los flujos y reflujos de la política española de la época llevó a una restricción de la libertad de enseñanza en las universidades, lo que motivó la protesta de muchos profesores (uno de los primeros, Laureano Calderón, hermano de Salvador), y una espiral de represalias, movimientos de solidaridad y nuevas represalias. Salvador Calderón, a la sazón catedrático en el Instituto de Las Palmas, fue uno de los expulsados. Frente a la acción del gobierno, un grupo de represaliados formó la Institución Libre de Enseñanza española, en la que Calderón impartió clases hasta 1877, año en el que emprendió la ampliación de su formación en varios países europeos. En 1881 marchó a Nicaragua, donde fundó junto con otros profesores el Instituto de Occidente, a semejanza de la Institución Libre de Enseñanza. Tampoco los tiempos en Nicaragua eran los mejores para acometer proyectos progresistas y Calderón tuvo que regresar a España al ver puesta en peligro incluso su integridad física. En 1882 fue repuesto en su Cátedra universitaria.

En un contexto más específico, el trabajo de Calderón puede considerarse como un ejemplo de mineralogía "topográfica", es decir, la descripción, catalogación y sistematización del patrimonio mineral de nuestro país. Desde una perspectiva moderna, esta faceta de la mineralogía puede parecer menor, sobre todo si se la compara con los estudios físico-químicos, el desarrollo de nuevas y poderosas técnicas de caracterización, o la búsqueda de nuevos materiales o aplicaciones, tan fecundos en la actualidad. Sin embargo, al situar la obra en su contexto histórico nos damos cuenta inmediatamente de su carácter primordial. Y no deja de ser sorprendente la vigencia de su contenido, prueba fehaciente del rigor y celo del autor por realizar un trabajo que trascendiera más allá de su tiempo. Tampoco podemos negarle su valor cultural, puesto que cultura es todo aquello que acrecienta el conocimiento de nuestro patrimonio aunque - si bien vivo y lleno de matices para unos ojos entrenados - este patrimonio aparezca inerte, aunque a veces bello, para el común de los mortales.

Al igual que sucedía con otros muchos campos del saber, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, España, comparada con otros países europeos, se encontraba retrasada en el estudio de la mineralogía. Por ejemplo, Gran Bretaña contaba con el Manual of Mineralogy of Great Britain and Ireland, de R.P. Greg y W. G. Lettsom (1858); Suiza, con el Die Minerale der Schweiz nach ihren Eigenschaften und Furdorten, de A. Kenngott (1866); Alemania, con el Die Nutzbaren Mineralien und Gebirgsarten im Deutschen Reiche, de H. Dechen (1873). En 1893, Lacroix inició la publicación de su monumental obra Minéralogie de la France et des Anciens Territoires d’Outre-Mer la cual alcanzó su quinto volumen en 1913. Incluso algunos países sudamericanos se habían adelantado: Perú contaba con la obra Minerales del Perú de A. Raimondi (1878); Méjico con su Catálogo Sistemático de las Especies Minerales de la República Mejicana, de J. G. Aguilera (1898); y Domeyko, en Chile, publicó en 1845, sus Elementos de Mineralojía, o del conocimiento de todas las especies minerales en general y en particular de Chile.

La edición del libro de Calderón sufrió una serie de interesantes peripecias que comentaremos brevemente a continuación.

En julio de 1897 se presentó al concurso del Legado Gómez Pardo el trabajo denominado Ensayo de un catálogo metódico de las especies minerales de la Península Ibérica y cuyo lema era "Les théories passent: les faits restent". El trabajo, enviado de forma anónima - tal y como exigían las bases del concurso - no fue premiado y se devolvió a su desconocido autor. El lema escogido por el autor de este ensayo figura en la portada del libro de Czyszkowski Les venues métalliféres de l’Espagne publicado ese mismo año.

¿Quién fue el autor de esta memoria? Muy probablemente, no Czyszkowski que, aunque conocía bien los distritos mineros más importantes de España, no sabía gran cosa de los miles de pequeños yacimientos de minerales sin interés económico existentes. Es casi seguro que fuera Salvador Calderón, quien también utilizó como lema una frase tomada de otro libro la siguiente vez que presentó su obra a este concurso.

Al año siguiente no se llevó a cabo el concurso por falta de fondos, pero en julio de 1899 volvió a convocarse, en esta ocasión con tres premios. La única obra presentada en esa edición llevaba por título Ensayo de un catálogo metódico de las especies minerales de España y su lema era "Váyanse haciendo muchos aparatos, que ellos darán una historia natural cabalmente metódica". Dicho lema había sido extraído de la obra de P.J. Torrubia Aparato para la Historia Natural de España que había sido publicada en 1754. El 17 de diciembre de 1900 el trabajo fue premiado con un accésit, consistente en la publicación de la obra a expensas del Legado y la entrega de 100 ejemplares al autor, pero sin gratificación económica alguna. Es interesante destacar que los tres premios convocados en el concurso se dejaron desiertos y que su dotación, además de la publicación en las mismas condiciones que las del accésit concedido, llevaba aparejada una remuneración de 5.000, 3.000 y 2.000 pesetas, respectivamente.

Para que el Legado pudiera llevar a cabo la publicación de la obra premiada, era necesario que el autor se presentara y consintiera en la publicación del trabajo, cosa que no sucedió. Y puesto que la Junta de Profesores que juzgó el concurso debió quemar el sobre con el nombre del autor premiado, no se pudo hacer efectiva la publicación del libro. A pesar de todo, de acuerdo con las bases del concurso, el manuscrito quedó en propiedad de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, donde aún se conserva en la actualidad.

Como consecuencia del disgusto por el resultado del concurso del Legado Gómez Pardo, Salvador Calderón se planteó publicar su trabajo en otro país. De esa manera, en colaboración con el Profesor A. Tenne, Calderón publicó en Berlín en 1902 la obra titulada Die Mineralfundstatten der Iberischen Halbinsel. Para ello contó con el apoyo de la Universidad de esa misma ciudad alemana. A pesar del título (Los minerales de la Península Ibérica), el reparto de la información quedó muy desequilibrado hacia la parte española de la Península, de tal forma que los datos pertenecientes a Portugal (país al que se le da el peso de una región española) son apenas anecdóticos. Las 353 páginas de que constaba esta obra contenían apenas una fracción del total de información que Calderón poseía sobre los minerales de España, la cual se publicó, parcialmente, en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (un artículo sobre magnetitas españolas en su volumen 4º, y otros dos, sobre el mispíquel y la bournonita en el 5º).

Las primeras páginas de la edición alemana contienen un prólogo del Profesor Klein, el listado de museos y colecciones revisadas para el trabajo así como la bibliografía empleada. Sin más introducción, los autores pasaron a describir las localidades de la Península Ibérica donde se encuentra cada especie mineral. Para ello, los minerales son agrupados en seis clases principales (de acuerdo con el sistema creado por Zirkel), dividiendo cada clase en subclases más tarde. Cada especie mineral poseía un encabezamiento con su nombre en castellano, alemán y portugués, al que le seguía una descripción - en general muy concisa - de las localidades en las que se encontraba, divididas por regiones. Cada dato puntual incluía su correspondiente referencia, fuera esta una publicación o la presencia de un ejemplar de la especie mineral en cuestión en un museo específico. Este sistema, poco frecuente hasta entonces en las publicaciones españolas, permitía confirmar y ampliar los datos de manera eficiente. La obra terminaba con un índice y con una nota necrológica del Dr. Tenne, quien había fallecido poco antes de que esta se publicara.

Por fin, la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas - creada en 1907 - reconoce la necesidad de contar en España con un catálogo mineralógico detallado y equivalente al que existía ya en buena parte de las naciones modernas. Para ello solicita que se adjudique al Profesor Calderón una pensión para que concluya su trabajo y que este sea entregado a la Junta para su publicación. La obra, editada en 1910, mantiene la estructura general del libro publicado previamente en Alemania (incluso los datos correspondientes a Portugal), si bien el sistema de clasificación de los minerales es diferente. No obstante, la más que substancial ampliación del contenido hace que no sea razonable considerarla como una segunda edición de la versión alemana.

El libro consta de dos volúmenes sumando ambos más de un millar de páginas. El primero de ellos comienza con una breve introducción y notas sobre la historia de la mineralogía y sus fuentes de información. A continuación comienza la descripción sistemática de los minerales de España. En su trabajo, Calderón sigue la clasificación de Groth, la más aceptada en esa época. Cada mineral cuenta con su propia bibliografía además de otra, general, expuesta al principio del libro. Los distintos yacimientos son agrupados de acuerdo con las regiones históricas de España. Al final del segundo tomo aparece un índice por especies y otro por provincias.

Calderón recoge datos procedentes de publicaciones de todo tipo pero, sobre todo, incluye una gran cantidad de información inédita, obtenida a través de sus propios estudios de campo o a partir de sus incursiones en distintos museos. De entre estos últimos, examina ejemplares catalogados en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en el de la Escuela de Ingenieros de Minas (en Madrid), en el de la Escuela de Ingenieros de Montes (en El Escorial), y en los de las Universidades de Sevilla, Santiago de Compostela y Valencia. Fuera de España, obtiene información de los museos de la Universidad de Breslau, del Museo Británico, y de la Escuela de Minas de Freiberg. En los dos volúmenes, describe los yacimientos españoles de unas 250 especies minerales, con una abrumadora cantidad de datos.

La tirada original de Los Minerales de España debió ser relativamente elevada ya que, quince años después de su publicación, todavía se encontraba a la venta al precio de 16 pesetas los dos tomos. No es, pues, un libro raro en términos bibliófilos, y se le puede encontrar en muchas bibliotecas públicas y particulares, pero es prácticamente imposible encontrarlo en el comercio, ya que es una de las obras más buscadas, no solo por los interesados en la historia de la ciencia en España, sino por coleccionistas y aficionados a la mineralogía, en general.

Al año siguiente de la publicación de Los Minerales de España, Salvador Calderón murió aquejado de una grave enfermedad.

Leer más

  • Calvo Rebollar M. y Calvo Sevillano G. (2010): Mineralogía topográfica española. A los cien años de la publicación de "Los Minerales de España", de Salvador Calderón. De Re metallica 14, 99-105.
  • Hernández Pacheco, E. (1911): El profesor D. Salvador Calderón y Arana y su labor científica. Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, XI, 405-445.

Agradecimientos

La edición de la copia facsímil, auspiciada por la Sociedad Española de Mineralogía, ha podido ser realizada merced al esfuerzo y colaboración de un gran número de instituciones y particulares. A todas ellas deseamos expresar nuestro más sincero agradecimiento:

  • Consellería da Educación e Ordenación Universitaria - Xunta de Galicia.
  • Consellería de Medio Ambiente - Xunta de Galicia.
  • Plan Galego de Investigación e Desenvolvemento Tecnolóxico - Secretaría Xeral de Investigación e Desenvolvemento.
  • Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología - Presidencia del Gobierno.
  • Secretaría de Estado de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo - Ministerio de Educación y Ciencia.
  • Ministerio de Fomento - Gobierno de España.
  • Universidade da Coruña E.T.S. Enxeñeiros de Camiños, Canais e Portos.
  • Grupo Sargadelos, Cerámicas de O Castro.

Retrato de D. Salvador Calderón publicado en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, X, 1911.

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